lunes, 6 de junio de 2011
Pequeñas (y GRANDES) rabietas cotidianas
- Tomarme el subte en hora NO pico y encontrarme con que un montón de giles también salieron tarde
- Que los bondis no paren
- Que el almuerzo me caiga mal y tenga que soportar el resto del día en la oficina con dolor de panza (efectos de ser celíaca)
- Que me llamen al trabajo para consultarme por expedientes que ya no tengo (Hola! Fíjate en el sistema!)
- Caminar por las minúsculas veredas del microcentro y tener que andar esquivando a idiotas que caminan de a tres cuando apenas caben dos personas.¿ Estás en el secundario?
- Cruzarme a algún gil que me pregunte, ¿Y?¿Cómo va la facu?¿Ya te recibís?¿En qué año estás?
- Que algunas personas mancas me pidan hacerle memos, cuando 1) no soy su secretaria, 2) te veo que no estás haciendo nada! 3) que me exijan que lo haga ya, cuando tengo otras tareas para hacer.
- Colgarme leyendo cosas en internet, pensando que ya saqué todo lo que tenía y darme cuenta a último momento de algo que dejé pendiente
- Despertarme y empezar a machacarme con todos mis problemitas mentales. Cruzar la calle pensando en eso, tomarme el subte y pensar en eso. Escribir ésto y pensar en eso!
- Tener que ir a guitarra y no tener ganas (básicamente porque no practiqué en la semana)
- Querer leer el libro que tengo encima y no tener lugar para ello en el transporte público
- No tener ganas de charlar en el almuerzo y estar con mil personas en la mesa
- Extrañar los cuidados de madre y que cuando la veo no la aproveche
- Querer fumarme un pucho porque estoy malhumorada y recordar que dejé de fumar
- Recordar todas las cosas que quiero decir y no me animo por tarambana
Estos y muchos más representan mis malos humos en un día de mierda como hoy, lunes gris y lluvioso.
martes, 31 de mayo de 2011
Expresión de deseo
Viviríamos como indigentes un par de días. O al revés, gastamos todos nuestros ahorros y después vivimos como indigentes... pero qué lindo sería poder caminar esas callecitas otra vez.
Sentarnos a mirar el foro a oscuras mientras se me cae la mandíbula con las bellezas que nos rodean...
viernes, 29 de abril de 2011
Horrores lingüisticos y simbólicos
(Del lat. niger, nigri).
1. adj. Se dice del aspecto de un cuerpo cuya superficie no refleja ninguna radiación visible.
2. adj. Se dice de la ausencia de todo color. U. m. c. s. m.
3. adj. Dicho de una persona: Cuya piel es de color negro. U. t. c. s.
(Fuente: rae.es)
Negro no es el pibe que escucha cumbia a gritos en el bondi.
Tampoco el que te roba, te arrebata, te asusta.
Mucho menos el cartonero, el sindicalista, el que revuelve la basura.
Negro no es el que vive en una villa, el que te pide plata. Tampoco el vago, ni el que toma birra en la esquina.
Negro es eso que está descripto arriba por la Real Academia Española.
No sé cómo decírtelo, pero está mal que uses negro como despectivo, hacer de una cualidad de la piel, lo que podría llegar a ser malo de una persona.
Para vos, negro es el miedo al aluvión zoológico, a la masa llena de olores y de gritos y pancartas. A que cambien tus costumbres tan arraigadas. Seguramente, negro era tu bisabuelo (pero para otros y en otros años, con otras palabras, cuando vino directo del "primer mundo")
El pobre no te ataca. La cumbia no te roba. El vino en cartón lo tomabas cuando eras pendejo y te hacías el jodido. Así que... dejate de joder. Hacete cargo de tu posición de clase, y ponete en igualdad de condiciones, o declará rápida y deliberadamente la guerra.
Basta de medias tintas y de horrorizarse porque el otro ocupa tu espacio. Te cuento, que tu zona de influencia, no es de tu exclusiva propiedad.
lunes, 18 de abril de 2011
Inquieta
miércoles, 23 de marzo de 2011
Sueños de mujer despierta
Hoy llegamos a París y la cara me cambió. La Torre me esperaba con brillos, rayos y centellas. Esperaba muchas cosas de París. Van un par de horas en este pedazo de ciudad, y ya me dio un par de cosas por las que debería elegirla.
Pronostico una sana obsesión por la Ciudad Luz
miércoles, 16 de febrero de 2011
Buscalo en Boulogne
Blanco, champagne, a cuadros. Opaco.
Piloto mojado y resbaladizo.
Veredas móviles y salpicantes.
Patitas que corren entre la calle y la vereda de una Buenos Aires cansada y gris.
Las manos que hacen señas. Stop!
Las manos que sostienen el cinturón del piloto, pilotín pocas veces mojado.
La baldoza que mancha al piloto que está hecho para eso. Mojarse.
Dedos que buscan las monedas en el bolsillo y finalmente agarran la baranda de la puerta.
Puerta plegadiza y traicionera de un colectivo que vuela en hora pico.
Puerta que se cierra sobre la tela impermeable del cinturón en los dedos.
Colectivo barrilete que se va por Córdoba arrastrando niña y cinturón.
Cinturón que se va. Niña que se queda y tiene que esperar uno nuevo.
Un colectivo y un cinturón.
Garúa finito.
El juego de las palabras
Cuando llegue y me ponga a hablar, no sé si decir algo o no sobre eso. Siento miedo a que se burle de mí. De mis preguntas, de mis respuestas. Quiero creer y estoy casi segura, que sabe lo que me genera cada palabra que dice, o su respuesta burlona.
Resulta que me está ganando la soberbia, y yo ni me enteraba. No sé cómo responder. No sé frente a qué ceder.
Solo tengo ganas de hacer algo y no sé qué.
Mierda.
sábado, 25 de diciembre de 2010

Se ve qué la premonición me ganó de mano y escribí de eso que no sabía.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Lugares donde se pasa la infancia
Cuando éramos chicos pasábamos muchas horas del fin de semana en casa. Durante los días de colegio usurpábamos la casa de Coky, que de tanto tenernos en su hogar, se convirtió un poco en abuela-madre. No pudo oficiar de abuela mimadora. Debíamos ser bastante pesados. Los nenes escudriñaban los rincones, se dormían y babeaban el cuidado sillón. Usaban el teléfono y llamaban a 0-600. Se comían las vainillas a escondidas o le tomábamos el restito del café.
Solíamos pasar la tarde revisando los discos de pasta. Escuchando a cantantes italianos de tiempos remotos, que seguro descansaban bajo tierra. Mi abuela y mi vieja cantaban a viva voz y yo creo recordar que las imitaba.
La luz en esos ambientes era extraña. Una luz amarilla o naranja donde estaba la silla de madera y paja. Las alacenas color verde inglés y los moldecitos de bombones. El resto del color lo aportaba el arroz con leche tantas veces preparado o los yogures naturales que hacía en una maquinola para mí incomprensible. Yogur, hecho con yogur.
Cada tanto preguntábamos por historias lejanas, por fotos amarillentas. Coky, se sentaba a contarme, a sacar más fotos, a tomar un adorno de la repisa y a absorberlo de a poco, encontrando su profunda historia, tan metida en su propio cuerpo. La foto de mi abuelo al sol de Italia. Un hombre inalcanzable, diez metros bajo tierra, diez mil veces amado y llorado y otras veces más, extrañado por mi vieja.
Cuando voy a verla, espero encontrar esas cosas, esos recovecos, esa incomodidad de casa ajena, y la familiaridad de lo conocido.
Me parece escuchar alguna melodía italiana…