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lunes, 6 de junio de 2011

Pequeñas (y GRANDES) rabietas cotidianas

- Levantarme tarde: principal factor para comenzar un día como el orto.
- Tomarme el subte en hora NO pico y encontrarme con que un montón de giles también salieron tarde
- Que los bondis no paren
- Que el almuerzo me caiga mal y tenga que soportar el resto del día en la oficina con dolor de panza (efectos de ser celíaca)
- Que me llamen al trabajo para consultarme por expedientes que ya no tengo (Hola! Fíjate en el sistema!)
- Caminar por las minúsculas veredas del microcentro y tener que andar esquivando a idiotas que caminan de a tres cuando apenas caben dos personas.¿ Estás en el secundario?
- Cruzarme a algún gil que me pregunte, ¿Y?¿Cómo va la facu?¿Ya te recibís?¿En qué año estás?
- Que algunas personas mancas me pidan hacerle memos, cuando 1) no soy su secretaria, 2) te veo que no estás haciendo nada! 3) que me exijan que lo haga ya, cuando tengo otras tareas para hacer.
- Colgarme leyendo cosas en internet, pensando que ya saqué todo lo que tenía y darme cuenta a último momento de algo que dejé pendiente
- Despertarme y empezar a machacarme con todos mis problemitas mentales. Cruzar la calle pensando en eso, tomarme el subte y pensar en eso. Escribir ésto y pensar en eso!
- Tener que ir a guitarra y no tener ganas (básicamente porque no practiqué en la semana)
- Querer leer el libro que tengo encima y no tener lugar para ello en el transporte público
- No tener ganas de charlar en el almuerzo y estar con mil personas en la mesa
- Extrañar los cuidados de madre y que cuando la veo no la aproveche
- Querer fumarme un pucho porque estoy malhumorada y recordar que dejé de fumar
- Recordar todas las cosas que quiero decir y no me animo por tarambana
Estos y muchos más representan mis malos humos en un día de mierda como hoy, lunes gris y lluvioso.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Road trip

Viajar no es solo tomarse un avión o recorrer la ruta cansina. Viajar es meterme entre las sábanas de nuestra cama y compartir charlas interminables, sin rumbo ni horario. Es verte a media luz, con el reflejo del farol de la esquina en tus rulos, ver tu silueta recortada en el duro colchón al que nos acostumbramos.
Viajar es pensar que podemos recorrer mil lugares en espacio y tiempo. Es elegir nuestras canciones favoritas, pensar qué pensaba Bioy cuando hablaba de la Mascarita. Es reflexionar sobre a dónde vamos a movernos más adelante. Algo así como qué quisiéramos ser de grandes.
Cada beso es un viaje, cada caricia en tu pecho, tu intento de apoyar tu cabeza sobre mí. Viajar es esas veces en que me decís que me amás. Ir a nuestros primeros besos. A esa felicidad incontenible.
Con vos la ruta y sus pozos es pura música. Volar no da miedo. Porque me agarrás de la cintura y puedo ir contra el viento.

martes, 27 de julio de 2010

Final de finales

Qué lindo es volver a la vida después de fechas de finales.
Ya no importa el resultado del estudio, sino que se TERMINO (por lo menos hasta que empiece la cursada otra vez)

Ya no más pantuflas sucias y desgastadas.
Ni pelusas en el piso de casa
Ni jogginetta con ruedo descocido
Tampoco quiero ver más al buzo violeta y verde de egresados (única ropa que me entra de cuando tenía 17 años)
Basta de comida recalentada. Fideos con manteca o salchichas con loquevenga.
Basta de ojeras largas, plantas sin regar y vidrios empañados por no salir de casa.

Bienvenido invierno!
Bienvenidas las lecturas pospuestas. La compra de libros usados en cualquier feria. La cocina-terapia. La gordura alimentada por recetas caseras.
Hola películas truchas que no pude ver en meses!
Hola amigos! Hola mamá!
Hola VINITO!
Hola Juanelo de mis amores tan dejado de lado (pobrecito)

Hola horarios decentes (para vivir) e indecentes (para vivir y salir de joda)!

Hola cuerpito!! Tanto tiempo te descuidé... ahora a disfrutar!

viernes, 11 de diciembre de 2009

Sujeto cuerpo propio

El cuerpo encuentra siempre mil formas para decir basta. Olvidos. Flojera de piernas. Dolor en el pecho.
Es que el cuerpo tiene su propio lenguaje, su propia memoria. Si huelo Heno de Pravia pienso en mi abuela. Las mentitas me hacen acordar a los primeros años de la facultad. La lista de coincidencias entre el cuerpo y los recuerdos es interminable.
Y el cuerpo así como se prepara para el amor, late con fuerza y hace brillar cada parte del cuerpo, también prepara para el ataque. Un ataque del cual no tiene memoria. Es solo instinto. Nunca lo enfrentaron verdaderamente, pero la memoria le dice que sí, que ésta vez se viene. Y vuelta otra vez a acomodarse, acurrucarse para saltar a la yugular o salir corriendo si no hay tiempo.
A veces mi cuerpo me dice basta, y no sé si hacerle caso. No sé si creerle o decirle que es un embustero. Pero resulta que el cuerpo pocas veces me llevó por malos caminos. Sin embargo, mi cabeza… puff ya no sabe dónde situarse ni qué carajo es lo que quiere.

jueves, 22 de octubre de 2009

Explode

La lucha entre confrontar y permanecer pasivo, es una lucha política. Una lucha política que traspasa las barreras de la militancia, o las arenas propias de los partidos. Una lucha cotidiana de acciones e inacción que se juega desde un principio, en el saludo.
Contestar o permanecer callado son ejes enfrentados, que deberían permanecer en un equilibrio. Ni pelear todo el tiempo, ni siempre hacer que no se escucha.
Pero resulta que a veces la mejor manera, y el camino más rápido de escape es la elección de la sordera. Una elección neutra, y por ello tonta. Porque la neutralidad dura lo que un suspiro. Porque dentro de la cabeza todo eso que tenemos para decir se repite en continuo, como una película en la que fantaseamos que algo nos haga saltar la chaveta y ése versito de Cortázar se haga carne.
Explotar y callarle la boca a los demás. Que nuestra voz siempre quieta, siempre refugiada en la garganta, choque contra oídos ajenos.
Pero entonces eso sería el acabose. La guerra. Trincheras y ataques. Quitarle el disfraz de abuelita al lobo y descubrirnos como somos. Nada de eterna paciencia, de comprensión. Nos volveríamos personas con derecho a llevarse mal y nos daríamos cuenta que no todo se termina. Seríamos sinceros, hasta con nosotros mismos.

Y claramente ése es el problema. Mua.

miércoles, 1 de julio de 2009

De elecciones familiares

En mi casa la política ha tenido siempre un lugar particular. Mi viejo es de derecha, nacionalista. Mi vieja es híper católica, y quien me niegue que la religión tiene mucho de político, de ideológico, va a tener que replantearse muchas cosas en la vida.
Por muchos años creo no haber escuchado discusiones políticas en casa, pero sinceramente creo que tiene que ver con que era muy pequeña como para recordar alguna de ésas discusiones. Seguro mientras sucedían yo andaba tirándole del pelo a mi hermana o descabezando alguna Barbie.
En algún momento en que los peronistas comían pizza y brindaban con champagne, con mis hermanos hicimos noticieros radiales sobre las elecciones. Leíamos sin entender una palabra lo que decían los diarios. Quiénes se postulaban para las elecciones del 95, de dónde salían y qué proponían.
Cuando fui más grande para comprender que en la política había posiciones diferentes de ver el mundo, que existían partidos y modelos de país contrapuestos, mi viejo a su vez empezó a escribir un libro. Uno que habla sobre ideologías y sobre historias que marcaron a fuego nuestro país. En ésos tiempos mi viejo era lo más grande para mí. Admiraba profundamente su esfuerzo, hoy aún lo sigo haciendo, y aplicaba a todo lo que él pensaba. Él se convirtió durante muchos años en mi modelo para mirar la política, para analizarla. Creo que en ésa época él era un poco más flexible con algunas cosas, no se enojaba tanto y reflexionaba más sobre su posición política. Sin embargo supongo que los años no vienen solos, y cuando vio que no pasaba nada de lo que esperaba que suceda en nuestro país, la desazón le ganó a la fuerza para invertir el panorama y se volvió muy cabeza dura y sobre todo rezongón.
Hoy ya no escucho los mismos argumentos que con mi viejo. He escuchado de muchas bocas, muchas cosas diferentes. Me han bombardeado con discursos políticos, ideológicos, y yo fui formando una mezcla entre lo que mamé en mi casa y lo que fui escuchando en la vida, en la facu, en mis elecciones de lectura. No sé si estar orgullosa o no de lo que pienso, pero realmente es mi manera de ver la vida, que inevitablemente está atravesada por la política, nos guste o no. Nos rompa las pelotas o nos chupe un huevo.
A mi me jode terriblemente sentir que hoy no puedo hablar de política con mi viejo como antes lo hacía, solo porque muchas cosas han cambiado en mi cabecita, y ya no soy un espejo de él. Sin embargo, cuando éste domingo me pude sentar con mi hermano, y charlar sobre las elecciones, sobre proyectos, sobre qué queremos del mundo, sobre las opiniones de nuestros papás, creo sinceramente que detrás de tanta testarudez nacionalista, mi viejo hizo algo bueno. Muy bueno.
Porque con todas las diferencias que me separan de los demás, yo logré interesarme por lo que pasa en los recintos de Gobierno, por lo que pasa detrás de la burocracia, por todo lo que hay detrás de las intenciones de algunos que se postulan de amarillo o de rojo. Y porque todo eso es consecuencia de mis papás, piense o no igual que ellos. Se los pueda decir o no.
Y por eso es que hoy me indigno y me deprimo al ver ciertos resultados. Al escuchar como los medios hablan de ciertas cosas. Al ver como recortan y leen como se les canta, la realidad de un país que cada vez pareciera dividirse y desarmarse más frente a los peores buitres que ya lo atacaron.
Y por eso hoy pienso en hacer algo, en mover las ideas, en renovarlas. Porque mis viejos no fueron indiferentes frente a lo cotidiano, porque intentan pensar más allá de las imágenes vacías que nos llegan. Porque, para problema de ellos, me enseñaron a pelearles cada charla, y a creer que cuando de política se trata no todo lo que brilla es oro.

jueves, 4 de junio de 2009

La previa

Si me siento a escuchar cada cosa que dicen, seguro me desilusiono. En el laburo todo es un va-viene constante. No dicen nada nuevo, ni nada viejo. Y repiten con fuerza palabras que no me generan nada.
Yo ando esperando encontrar una palabra suelta entre tanto argumento numérico, entre tanto nombre importado y siglas que no entiendo.
Tengo cosas en la cabeza, pero ninguna me parece relevante. Me escucho hablando hace unos días. Esperanzándome con algunas charlas, pero no puedo encontrar un punto de unión para todo.
Entonces me pongo más en silencio. Y escucho y pienso que todos dicen boludeces. Que nadie ayuda a ordenarme la cabeza. Y que todos, seguro que todos exageran lo que les pasa igual que yo.

viernes, 30 de enero de 2009

Mis similitudes con Felipe



Ayer aprendí una nueva palabra:


PROCRASTINACION


Según parece yo soy una (quelargo) procrastinadora...

Suena complicado... suena terrible... hasta enfermo...


pero no lo es tanto... A causa de ello parece que estoy enemistada con un refrán popular que habla de algo de dejar para mañana... no quiero recordarlo ja!


Lo único bueno de ser así es que mi procrastinación ha logrado que me salgan unas galletitas estilo pepas de membrillo para chuparse los dedos...


Dios bendiga el psicoanálisis!

viernes, 12 de diciembre de 2008

Parecido a ésa canción de Silvio

La fuente se estrellaba contra la pared y los pedazos hablaban de una historia fuera de esa cocina. Sin las flores y el rosa de la porcelana rota.
El enojo le salía por las uñas. Él la miraba con ojos desorbitados que parecían leer el por qué. Pisaba fuerte, miraba duro y hería con las palabras, pero aún más con sus silencios.

Dejaban al desnudo una vida construida con retazos, entre barrotes. Una vida que nada tenía de vivir, más que las pulguitas que miraban la escena desde las butacas del teatro.

En el piso, los añicos de relatos antes de dormir, de fábulas de princesas y príncipes destronados. De historias donde las fuentes no se estrellan contra las paredes y donde el “Happily ever after” es moneda corriente. Hasta que se choca con la realidad.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Vagando por las calles

Hay días en que salir a la calle, pisar la vereda y dejarse llevar por el liviano olorcito de los árboles te deposita en un parque. Y en esa pausa, entre el quilombo de los autos y el quilombo en la cabeza, se ve la puntita de algo que se llama felicidad. Algo que es más sencillo de lo que parece.
Entonces pienso qué deseo hacer y qué hago...

Me siento en la plaza, sin importarme cuánto se manche mi pollera
Miro el lila del jacarandá, casi pelado de hojas, pero florecido hasta las puntas
Siento un inexplicable rocío vespertino
Me río del movimiento de la cola de los patos
Muero del calor por el sol en la cara y los pelos revueltos
Me hago la poeta bohemia en la plaza
Armo un inventario involuntario cada vez que escribo
Observo la nuca transpirada de un nene que no para de correr

Y siento que hay ciertas cosas que tiene su propio destino: los nombres, sus adjetivos, la manera en que se unen.

La felicidad repentina aparece al finalizar ciertos caminos. Caminos que no llevan a Roma, pero que sí me depositan en la almohada aplastada de mi cama, en donde puedo soñar hasta volver a despertar.

jueves, 16 de octubre de 2008

Pausa

De vez en cuando se las toma...
Un poco de aire fresco y acentos raros le vienen bien

Mientras tanto, la taza de café espera,
con la cucharita pegoteada de azúcar
y la aureola del jarrito en la mesa.
El puré sin pisar se enfría sin apuros.
El ritual del abrazo queda en standby.

Subo la escalera y espero que me sorprenda,
pero los días todavía no pasaron.
Ocupo su lugar con suricatas y tigres,
con la narrativa diaria.
Después limpio la tacita y piso el puré.
Su voz me hace eco en cada palabra.

No pasa nada, me digo...
Los abrazos pueden esperar
hasta la hora en que su avión vuelva a aterrizar.

miércoles, 8 de octubre de 2008

De rebusques


Y cada vez que pienso que comprendo,
que encuentro una vuelta a esas palabras
Me vuelvo a chocar con una X, con la Z, con un signo de pregunta

Releer o encontrar el papel no me cambia la perspectiva.
Perdida en el abecedario vuelvo a interpretar lo que yo quiero

Hasta que alguien corre la cortina y entiendo.
Aunque si no pasara… seguiría colgada en mi nube.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Pequeñez


Hoy me levanté…. Medianamente de buen humor.
El día estaba frío pero con solcito.
Después del trabajo me espera un barcito con alguna coca y lecturas que imagino agradables.
Pero mi trabajo, como sucede muchas veces, me hizo enojar.
No ese enojo de querer romper cosas. El enojo de puchero infantil.

Sí, hoy es uno de esos días en que frunzo la ceja y cada vez que pasa mi jefe por al lado hago un claro pero imperceptible bufido
- PUFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF

A causa de mi enojo tan poco adulto, me estoy lastrando todo un paquete de galletitas, que encima casi no tienen sabor (aparte de no tener gluten).

Es que hoy es el día de la secretaria… Y mi jefe apenas si se acordó de saludarme… Y toooooooooodas recibieron regalo menos yo.

Sé que no tiene razón de ser este enojo y/o berrinche. Pero quería manifestarme de manera madura y sin escándalo mayor.
Y qué mejor lugar que mi propio blog.

He dicho

lunes, 4 de agosto de 2008

Pobre cochino interior...

- Sos celíaca

ZAS! Se me cayó el mundo abajo…

Hacía meses que venía rastreando qué me pasaba en el cuerpo. En la carnita, en la panza sobretodo. Las soluciones ni siquiera eran temporarias y los dolores (que ya francamente me rompían las bolas) no pararon por más medicación que me dieron.

El problema fue cuando Lolo y Vir especularon con mi diagnóstico.
- Naaaaaahhh!! No creo que sea eso… Si no tengo antecedentes familiares.

Pensaba en las facturas, tortas rellenas y pastas consumidas durante tantos años, y en la remota posibilidad de no volver a probarlas nunca más. Se me hacía un nudo en el estómago de solo pensarlo.

Después de semanas y semanas de mal humor constante, quejas y peleas con el que se me cruzara, el diagnóstico de mi gastroenterólogo fue fulminante.

- Sos celíaca.
A esa altura ya había digerido la posibilidad de no saborear nunca más una cerveza helada, o de no poder comer los tallarines caseros que hace mi abuela.

Por esa razón, la misma tarde del anuncio, una horita antes de verle la cara al señor que iba a cambiar mi “buen comer”, me senté en el café Martínez de Charcas y miré a los ojos al mozo:

- Una porción de torta brownie
- Con café?
- Un cortadito, y que la porción sea bien GRANDE
- Bueno… (gesto de que no duda de que soy un cerdo)

Saboreé esa porción como el último bocado de un preso. Nada me podía arruinar el momento.
Dejé la plata en la mesita del café y me dirigí decidida al consultorio y a una nueva vida en la que de ahora en más las tortas brownies las iba a tener que hacer yo.

martes, 24 de junio de 2008

Posturas

Hay días en que me siento en mi escritorio
y me siento torcido.

Hay días en que salgo a la calle
y ¡tengo derecho!
pero me siento oblicuo.




Una pequeña intervención de JP.
Saludos!

lunes, 9 de junio de 2008

Pre - Invierno

Cosas que pasan cuando llega el frío:

- Los guantes se pierden en la calle
- Los paraguas se rompen
- Aparecen bufandas de todos los colores, pero que abrigan
- Todos llegan tarde al trabajo
- La cuenta de gas se pone carísima
- El acolchado se vuelve el mejor amigo
- Se disparan las ventas de medias y calzoncillos largos
- Las aulas se vuelven una heladera
- Reaparece el olvidado submarino en los cafés porteños
- La vereda donde da el sol está llena de gente
- Nos calentamos las manos al fuego de la estufa
- Usamos remeras viejas pero abrigadas (total no nos sacamos el pullover)
- Dejamos las ojotas por las pantuflas
- Miramos pelis con la frazada encima
- Hago guiso
- Sale humito de mi boca
- Usás el chalequito feo
- Te busco a la noche para abrazarte
- Se hace más difícil soltarte

jueves, 29 de mayo de 2008

Aquí están mis credenciales

De chiquita no lograba congeniar con mi nombre.
Me molestaba sobremanera que significara lo que significa:

Soledad

- Qué aburrido! – me decía
- Soledad está sola – se reían

Más de una vez quería cambiar a Florencia, a Luciana, a alguno insignificante.
Mi viejo, con la tele enfrente y los ravioles en el plato, me jodía con Soledad Dolores Solari. Ese personaje patético de Gasalla.
Entonces me enojaba, mi papá me daba un abrazo y me iba al cuarto en pleno puchero.
Y yo prometía no terminar con el pelo llovido, con una cartera en la mano, y menos que menos con esos guantes blancos, que daban la sensación de ser recortados de un mantel de mi abuela.

De más grande comencé a tomarle cariño.
Empecé a escuchar otras canciones

Un Sabina.
Un Drexler.
Un Sanz.
Un Calamaro

Y leía mi nombre.
Era compañera. Esa Soledad, hacía compañía.
Y me gustó.
Y me amigué. De a poco me acerqué a su raíz.

Más que nada disfruté de escucharme en una canción. De verme en un poema.
Aunque no fuera para mí. Aunque fuera para esa Soledad que primero había rechazado.

Y hace unos días. En un teatro como boca de dinosaurio, volví a escucharme en los labios dulces de un hombre. Y volví a tomarle el gustito. A sentir que estar en soledad no siempre es estar solo.


Y que mi propia compañía hoy, me ayuda a redescubrirme.

viernes, 25 de abril de 2008

Entrecopas

Una cervecita y algunas cosas para contar siempre siempre son buenas excusas para juntarse con amigas.
Y a veces uno termina hablando de cualquier boludez... o de cosas realmente importantes.
Ayer mientras masticaba una galletita y el vaso de cerveza se calentaba en la mano de Sol, yo hablaba y recordaba historias que nunca viví.
Les conté de mis abuelos. De sus historias de película. De sus historias de amor.
Ahí. En un simple relato, me dí cuenta.
Me di cuenta de las ganas ocultas que podemos tener de vivir amores de cuento. Amores literarios.
Yo me imagino en un futuro a un hombre.
Uno que agarra un libro de su biblioteca. Que luego de terminar de leer el cuento tiene los ojos llorosos, y reconoce en lo leido una historia digna de ser recordada.
Me imagino que esa historia es parte de la mía. Sueño que, de alguna manera, yo sea capaz de generar esos cuentos que conmueven. Sueño con conmover el alma de un hombre.


Pero la lucidez se va pronto... tanto como los litros de cerveza y las risas en compañía.
Entonces me olvido en lo que pensé. Me pierdo en la charla.
Ahora sentada frente a la compu, me acuerdo de una frase que mi abuela me decía:

"Romántica loca... De todo te olvidas, cabeza de novia"

jueves, 17 de abril de 2008

De Freud, que me está volviendo loca...

No me imaginaba cómo era ir a terapia.
Sentarse en frente de un total desconocido y contarle cosas dolorosas, o que uno piensa que lo marcaron.
Que te mire… y no hable. Que te remate tu frase cómo si realmente supiera qué es lo que te pasa.
Ni hablar de que se cuelgue de tus palabras. Yo no quise decir eso!
Es loco… en su momento lo comparé con la confesión. Ese ritual católico que nos lava los pecados. Obviamente sé que tienen sus grandes diferencias.
La confesión sigue en la Edad Media: teocéntrica. El psicoanálisis en la Modernidad: centrado en el sujeto. Una juzga, el otro ayuda a vivir con aquello que nos pesa.

Y aún así, hay un patrón común.
El decirle a otro lo que sentimos, lo que hacemos o hicimos. Y ese otro en un lugar más alto. De sabiduría.
Transmitirle miedos y abandonos. Miles de cosas.

Y ahora que me expuse a eso, que levanto la guardia y la bajo como por arte de magia… encima tengo que pensar en todo lo que dije. Y creer, como en los cuentos de hadas, que las soluciones llegan, que los castillos de arena no se derrumban sin que empiece a construirse uno nuevo, y que la mano que me tiende esta buena mujer va a tirar el árbol que me tapa el bosque.

jueves, 13 de marzo de 2008

Estereotipo

El está sentado en su silla. Grandilocuente, enorme, charlatán por donde se lo mire. Todo un vendehumo.
Les habla y todos se ríen de lo que dice. Una risa cómplice. Ellos arquean sus manos y chocan sus dedos, mientras les cuenta el plan.
Es una idea brillante. Invierten la plata. Pero en realidad se la comen. Se la sacan de las manos a los nenes de pancita hinchada.
Miles y millones de pesos que planea tirar al techo en una gran campaña.
Se siente grande. Se siente importante. Eso es lo que siempre le interesó. Montarse en otro. Cagarse en el otro.
Vuelve a sus dos paredes a escribir un gran discurso. Esos discursos de demagogos. Esos discursos que nunca dan de comer más que un choripan. Y se siente crecer.
Se ensancha.

Engorda.

Se hincha más de lo esperado.

Es el ego.
El del piojo resucitado.


La garganta se le dilata.


Sus manos son dos globos.



Ya no puede respirar.



Los ojos se le salen de las órbitas.









Explota.