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jueves, 1 de septiembre de 2011

Revisión

Mientras esfuerzo mis recuerdos, me tomo un café en un bar. Flotan en el aire reggaetones radiales, en mis auriculares Regina, y en mis ojos pasan letras que despiertan una sensación familiar. Una sensación de deja vu…

…Estoy sentada como siempre, en el segundo banco. Apoyada la espalda contra la pared y despatarrada paralela al banco. Adelante, Rita escribe apuntes en el pizarrón, y la escucho casi sin necesidad de retener lo que pronuncia. Mi memoria guarda en algún lugar escondido los gestos, los míos, los de ella, el ambiente del aula. Hablar ahí sí que no me cuesta, me resulta natural y agradable. Siento necesidad de decir algo, de interpretar eso que leo, como si buscara las palabras justas para improvisar algo.
Una profe suplente con lenguaje universitario fracasa maquiavélicamente con el análisis discursivo. No me acuerdo haberme esforzado tanto como esa vez para hacer algo. Sabía que no había nada definitivo en esos garabatos en la hoja, sin embargo su respuesta como sonrisa me decía que había hecho algo bien. Que aunque más no fuera, el esfuerzo estaba justificado.
Antes o después, una luna, mirada con diferentes ojos, alumbraba una mortaja negra, una mujer, un camino. Luego… escuchaba las palabras esperadas.


Ahora junto pedazos, necesidades de textos, de pensar, de sostener una soga de la que me aferro.
Lo que a veces parece agotado, hoy se despierta con un cuento, con sus textos, o con las charlas en el auto yendo a cualquier lado. Quisiera desmenuzar hojas, exprimirlas, vaciarlas de contenido y ordenar todo otra vez, como un rompecabezas, como piezas listas para ser miradas.
Cada vez que lo tengo enfrente soy como una niña otra vez. Tengo hambre.

miércoles, 20 de julio de 2011

Aprovechando el día...

A los 4 años entré al jardín de un colegio que quedaba a unas pocas cuadras de mi casa.
Me hice de dos amigas y a los 5 se sumó una más.
Me acuerdo de mañanas entre alfajores, gotitas de amor, merengadas, manón, habanitos y polvorita.
Tengo fotos en algunos cajones que hacen de testimonio de años compartidos. Son esos años en los que uno casi que no elige. Se hace amigo, con la fuerza de la inercia, de la piel y del juego.
Recuerdo noches enteras mirando pelis, no queriendo dormirnos para que no nos hagan alguna maldad.
A veces había peleas, lagrimitas escondidas en la escalera del gimnasio y secretos compartidos. También el perdón, la carta del desagravio, la gestión mediadora de las que siempre mirábamos de afuera, porque alguien tenía que tener el rol conciliador y nosotras comprábamos el pack.


Todo cambiaba con los años, y parecía que cada vez estábamos más lejanas. La excusa de la cursada ya no existía y solo nuestras ganas de vernos hacían la diferencia.

Y pareciera que había algo más que el juego y los ratos compartidos en la infancia. Otras cosas, más profundas nos unían. Y aunque una se alejaba, siempre otra tironeaba para que no se vaya del todo.
Van 22 años que comparto cualquier cosa con ustedes. 22 años en los que cada una hizo su camino, abrimos nuestra cabeza a diferentes cosas, empezamos a pensar distinto una de otra, nos hicimos nuevos amigos... Y sin embargo, algo se mantiene, como si fuera un nudo imposible de deshacer.
Cada día me siento más parecida y más distinta a ustedes. Y todo, todo lo que pasa, siento que trasgrede las barreras de lo lógico. Y sin embargo, ahí estamos todas esperando por las demás. Todas viviendo la llegada de Pepa como si fuera una hija con cuatro madres.

Es que hay cosas que no se explican, y son las que hacen más fuerte lo que tenemos.
Gracias lindas...


PD: Este es mi momento cursi, y mi reflexión del día del amigo

lunes, 27 de junio de 2011

Conspiraciones

De un saque, como siempre soñé, saqué un pasaje ultra rápido para Europa. Me iba a Madrid.
En un parpadear ya estaba en la Gran Vía tan parecida a la avenida Corrientes. Me senté en un restorancito. La gente me parecía familiar y como no tenía mucha hambre dí vueltas por entre las mesas.
Al rato me di cuenta que no le había avisado a Juan que había viajado. Mi celular parecía inhabilitado para recibir llamadas desde el exterior y no tenía como comunicarme. De golpe suena su llamada y entré al restoran para atender. Adentro estaba mi cuñado degustando las delicias madrileñas.
Juan me habla preocupado, me dice que los viejos viajaron a Venezuela y ahora no los dejan salir. Me cuenta que los tienen cercados, que solo con una orden de alguien MUY importante van a poder sacarlos. Me cuenta algunas cosas en secreto. Unas intrigas con la OEA que operaba en secreto desde Caracas. No sabemos todavía qué quieren con mis suegros, pero los acusan de conspirar.

Nuevamente estoy en Buenos Aires, desesperada, dando vueltas con Juan, pensando estratagemas. Pienso en el experimento de 6 grados de separación. Con mi laburo puedo llegar a la presidenta, o hablar con alguien importante de Cancillería. Sí, voy a ir directo al despacho de Tomada, sé que él me va a escuchar. Les voy a quemar tanto la cabeza que vamos a lograr que puedan volver sanos y salvos.


Me desperté un poco extrañada, pensando ¿Seré antichavista?

martes, 7 de junio de 2011

Historias antes de ir a dormir


En las noches de vacaciones porteñas, en el calor de nuestra habitación, mis hermanos y yo dábamos vueltas en la cama sin poder dormirnos. Hablábamos a risotadas no recuerdo de qué cosas; jugábamos, mientras papá y mamá solo querían que nos durmiéramos un ratito.

Yo leía hasta tarde con una lucecita baja cuando se dormían los chicos, cuando ya era más de madrugada que de noche.

Otras veces les leía libros que me regalaba Chichí. Libros que al principio no quería ni ver y después se me volvían imprescindibles.

La historia de Simona, su cuchara y sus travesuras era la favorita y la más requerida.

Me acuerdo del olor de las hojas. De la emoción de sentirme grande leyendo para otros, o de desvelarme hasta tarde por solo terminar el libro.


Ayer me quedé leyendo más que de costumbre, hubiera seguido hasta dormirme entre las páginas. Pero trabajo al día siguiente, y las horas de lectura se me acortan. Ayer me acordé que fui niña. Me acordé de mi descripción bloggística, de esa cosa que tengo con la niñez.

Presiento que detrás de todo eso, hay una flechita que me indica un camino. Mi camino

lunes, 6 de junio de 2011

Pequeñas (y GRANDES) rabietas cotidianas

- Levantarme tarde: principal factor para comenzar un día como el orto.
- Tomarme el subte en hora NO pico y encontrarme con que un montón de giles también salieron tarde
- Que los bondis no paren
- Que el almuerzo me caiga mal y tenga que soportar el resto del día en la oficina con dolor de panza (efectos de ser celíaca)
- Que me llamen al trabajo para consultarme por expedientes que ya no tengo (Hola! Fíjate en el sistema!)
- Caminar por las minúsculas veredas del microcentro y tener que andar esquivando a idiotas que caminan de a tres cuando apenas caben dos personas.¿ Estás en el secundario?
- Cruzarme a algún gil que me pregunte, ¿Y?¿Cómo va la facu?¿Ya te recibís?¿En qué año estás?
- Que algunas personas mancas me pidan hacerle memos, cuando 1) no soy su secretaria, 2) te veo que no estás haciendo nada! 3) que me exijan que lo haga ya, cuando tengo otras tareas para hacer.
- Colgarme leyendo cosas en internet, pensando que ya saqué todo lo que tenía y darme cuenta a último momento de algo que dejé pendiente
- Despertarme y empezar a machacarme con todos mis problemitas mentales. Cruzar la calle pensando en eso, tomarme el subte y pensar en eso. Escribir ésto y pensar en eso!
- Tener que ir a guitarra y no tener ganas (básicamente porque no practiqué en la semana)
- Querer leer el libro que tengo encima y no tener lugar para ello en el transporte público
- No tener ganas de charlar en el almuerzo y estar con mil personas en la mesa
- Extrañar los cuidados de madre y que cuando la veo no la aproveche
- Querer fumarme un pucho porque estoy malhumorada y recordar que dejé de fumar
- Recordar todas las cosas que quiero decir y no me animo por tarambana
Estos y muchos más representan mis malos humos en un día de mierda como hoy, lunes gris y lluvioso.

viernes, 29 de abril de 2011

Horrores lingüisticos y simbólicos

Negro, gra.
(Del lat. niger, nigri).
1. adj. Se dice del aspecto de un cuerpo cuya superficie no refleja ninguna radiación visible.
2. adj. Se dice de la ausencia de todo color. U. m. c. s. m.
3. adj. Dicho de una persona: Cuya piel es de color negro. U. t. c. s.

(Fuente: rae.es)

Negro no es el pibe que escucha cumbia a gritos en el bondi.
Tampoco el que te roba, te arrebata, te asusta.
Mucho menos el cartonero, el sindicalista, el que revuelve la basura.
Negro no es el que vive en una villa, el que te pide plata. Tampoco el vago, ni el que toma birra en la esquina.

Negro es eso que está descripto arriba por la Real Academia Española.
No sé cómo decírtelo, pero está mal que uses negro como despectivo, hacer de una cualidad de la piel, lo que podría llegar a ser malo de una persona.

Para vos, negro es el miedo al aluvión zoológico, a la masa llena de olores y de gritos y pancartas. A que cambien tus costumbres tan arraigadas. Seguramente, negro era tu bisabuelo (pero para otros y en otros años, con otras palabras, cuando vino directo del "primer mundo")

El pobre no te ataca. La cumbia no te roba. El vino en cartón lo tomabas cuando eras pendejo y te hacías el jodido. Así que... dejate de joder. Hacete cargo de tu posición de clase, y ponete en igualdad de condiciones, o declará rápida y deliberadamente la guerra.

Basta de medias tintas y de horrorizarse porque el otro ocupa tu espacio. Te cuento, que tu zona de influencia, no es de tu exclusiva propiedad.

lunes, 18 de abril de 2011

Inquieta

Quiero correr,
quiero saltar,
quiero gritar
y enseñar

Cosquillas me recorren
Los pies,
las manos,
los talones

Pican los ojos y,

Quiero oir
más
mirar y observar

Como la noche se hace día
Como mi boca se vacía

miércoles, 16 de febrero de 2011

El juego de las palabras

Hoy no sé qué versión de mí misma debo ser.
Cuando llegue y me ponga a hablar, no sé si decir algo o no sobre eso. Siento miedo a que se burle de mí. De mis preguntas, de mis respuestas. Quiero creer y estoy casi segura, que sabe lo que me genera cada palabra que dice, o su respuesta burlona.
Resulta que me está ganando la soberbia, y yo ni me enteraba. No sé cómo responder. No sé frente a qué ceder.
Solo tengo ganas de hacer algo y no sé qué.

Mierda.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Sujeto cuerpo propio

El cuerpo encuentra siempre mil formas para decir basta. Olvidos. Flojera de piernas. Dolor en el pecho.
Es que el cuerpo tiene su propio lenguaje, su propia memoria. Si huelo Heno de Pravia pienso en mi abuela. Las mentitas me hacen acordar a los primeros años de la facultad. La lista de coincidencias entre el cuerpo y los recuerdos es interminable.
Y el cuerpo así como se prepara para el amor, late con fuerza y hace brillar cada parte del cuerpo, también prepara para el ataque. Un ataque del cual no tiene memoria. Es solo instinto. Nunca lo enfrentaron verdaderamente, pero la memoria le dice que sí, que ésta vez se viene. Y vuelta otra vez a acomodarse, acurrucarse para saltar a la yugular o salir corriendo si no hay tiempo.
A veces mi cuerpo me dice basta, y no sé si hacerle caso. No sé si creerle o decirle que es un embustero. Pero resulta que el cuerpo pocas veces me llevó por malos caminos. Sin embargo, mi cabeza… puff ya no sabe dónde situarse ni qué carajo es lo que quiere.