lunes, 18 de abril de 2011
Inquieta
miércoles, 23 de marzo de 2011
Sueños de mujer despierta
Hoy llegamos a París y la cara me cambió. La Torre me esperaba con brillos, rayos y centellas. Esperaba muchas cosas de París. Van un par de horas en este pedazo de ciudad, y ya me dio un par de cosas por las que debería elegirla.
Pronostico una sana obsesión por la Ciudad Luz
miércoles, 16 de febrero de 2011
Buscalo en Boulogne
Blanco, champagne, a cuadros. Opaco.
Piloto mojado y resbaladizo.
Veredas móviles y salpicantes.
Patitas que corren entre la calle y la vereda de una Buenos Aires cansada y gris.
Las manos que hacen señas. Stop!
Las manos que sostienen el cinturón del piloto, pilotín pocas veces mojado.
La baldoza que mancha al piloto que está hecho para eso. Mojarse.
Dedos que buscan las monedas en el bolsillo y finalmente agarran la baranda de la puerta.
Puerta plegadiza y traicionera de un colectivo que vuela en hora pico.
Puerta que se cierra sobre la tela impermeable del cinturón en los dedos.
Colectivo barrilete que se va por Córdoba arrastrando niña y cinturón.
Cinturón que se va. Niña que se queda y tiene que esperar uno nuevo.
Un colectivo y un cinturón.
Garúa finito.
El juego de las palabras
Cuando llegue y me ponga a hablar, no sé si decir algo o no sobre eso. Siento miedo a que se burle de mí. De mis preguntas, de mis respuestas. Quiero creer y estoy casi segura, que sabe lo que me genera cada palabra que dice, o su respuesta burlona.
Resulta que me está ganando la soberbia, y yo ni me enteraba. No sé cómo responder. No sé frente a qué ceder.
Solo tengo ganas de hacer algo y no sé qué.
Mierda.
sábado, 25 de diciembre de 2010

Se ve qué la premonición me ganó de mano y escribí de eso que no sabía.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Lugares donde se pasa la infancia
Cuando éramos chicos pasábamos muchas horas del fin de semana en casa. Durante los días de colegio usurpábamos la casa de Coky, que de tanto tenernos en su hogar, se convirtió un poco en abuela-madre. No pudo oficiar de abuela mimadora. Debíamos ser bastante pesados. Los nenes escudriñaban los rincones, se dormían y babeaban el cuidado sillón. Usaban el teléfono y llamaban a 0-600. Se comían las vainillas a escondidas o le tomábamos el restito del café.
Solíamos pasar la tarde revisando los discos de pasta. Escuchando a cantantes italianos de tiempos remotos, que seguro descansaban bajo tierra. Mi abuela y mi vieja cantaban a viva voz y yo creo recordar que las imitaba.
La luz en esos ambientes era extraña. Una luz amarilla o naranja donde estaba la silla de madera y paja. Las alacenas color verde inglés y los moldecitos de bombones. El resto del color lo aportaba el arroz con leche tantas veces preparado o los yogures naturales que hacía en una maquinola para mí incomprensible. Yogur, hecho con yogur.
Cada tanto preguntábamos por historias lejanas, por fotos amarillentas. Coky, se sentaba a contarme, a sacar más fotos, a tomar un adorno de la repisa y a absorberlo de a poco, encontrando su profunda historia, tan metida en su propio cuerpo. La foto de mi abuelo al sol de Italia. Un hombre inalcanzable, diez metros bajo tierra, diez mil veces amado y llorado y otras veces más, extrañado por mi vieja.
Cuando voy a verla, espero encontrar esas cosas, esos recovecos, esa incomodidad de casa ajena, y la familiaridad de lo conocido.
Me parece escuchar alguna melodía italiana…
Road trip
martes, 27 de julio de 2010
Final de finales
Ya no importa el resultado del estudio, sino que se TERMINO (por lo menos hasta que empiece la cursada otra vez)
Ya no más pantuflas sucias y desgastadas.
Ni pelusas en el piso de casa
Ni jogginetta con ruedo descocido
Tampoco quiero ver más al buzo violeta y verde de egresados (única ropa que me entra de cuando tenía 17 años)
Basta de comida recalentada. Fideos con manteca o salchichas con loquevenga.
Basta de ojeras largas, plantas sin regar y vidrios empañados por no salir de casa.
Bienvenido invierno!
Bienvenidas las lecturas pospuestas. La compra de libros usados en cualquier feria. La cocina-terapia. La gordura alimentada por recetas caseras.
Hola películas truchas que no pude ver en meses!
Hola amigos! Hola mamá!
Hola VINITO!
Hola Juanelo de mis amores tan dejado de lado (pobrecito)
Hola horarios decentes (para vivir) e indecentes (para vivir y salir de joda)!
Hola cuerpito!! Tanto tiempo te descuidé... ahora a disfrutar!
viernes, 11 de diciembre de 2009
Sujeto cuerpo propio
Es que el cuerpo tiene su propio lenguaje, su propia memoria. Si huelo Heno de Pravia pienso en mi abuela. Las mentitas me hacen acordar a los primeros años de la facultad. La lista de coincidencias entre el cuerpo y los recuerdos es interminable.
Y el cuerpo así como se prepara para el amor, late con fuerza y hace brillar cada parte del cuerpo, también prepara para el ataque. Un ataque del cual no tiene memoria. Es solo instinto. Nunca lo enfrentaron verdaderamente, pero la memoria le dice que sí, que ésta vez se viene. Y vuelta otra vez a acomodarse, acurrucarse para saltar a la yugular o salir corriendo si no hay tiempo.
A veces mi cuerpo me dice basta, y no sé si hacerle caso. No sé si creerle o decirle que es un embustero. Pero resulta que el cuerpo pocas veces me llevó por malos caminos. Sin embargo, mi cabeza… puff ya no sabe dónde situarse ni qué carajo es lo que quiere.
jueves, 22 de octubre de 2009
Explode
Contestar o permanecer callado son ejes enfrentados, que deberían permanecer en un equilibrio. Ni pelear todo el tiempo, ni siempre hacer que no se escucha.
Pero resulta que a veces la mejor manera, y el camino más rápido de escape es la elección de la sordera. Una elección neutra, y por ello tonta. Porque la neutralidad dura lo que un suspiro. Porque dentro de la cabeza todo eso que tenemos para decir se repite en continuo, como una película en la que fantaseamos que algo nos haga saltar la chaveta y ése versito de Cortázar se haga carne.
Explotar y callarle la boca a los demás. Que nuestra voz siempre quieta, siempre refugiada en la garganta, choque contra oídos ajenos.
Pero entonces eso sería el acabose. La guerra. Trincheras y ataques. Quitarle el disfraz de abuelita al lobo y descubrirnos como somos. Nada de eterna paciencia, de comprensión. Nos volveríamos personas con derecho a llevarse mal y nos daríamos cuenta que no todo se termina. Seríamos sinceros, hasta con nosotros mismos.
Y claramente ése es el problema. Mua.