miércoles, 16 de febrero de 2011
El juego de las palabras
Cuando llegue y me ponga a hablar, no sé si decir algo o no sobre eso. Siento miedo a que se burle de mí. De mis preguntas, de mis respuestas. Quiero creer y estoy casi segura, que sabe lo que me genera cada palabra que dice, o su respuesta burlona.
Resulta que me está ganando la soberbia, y yo ni me enteraba. No sé cómo responder. No sé frente a qué ceder.
Solo tengo ganas de hacer algo y no sé qué.
Mierda.
sábado, 25 de diciembre de 2010

Se ve qué la premonición me ganó de mano y escribí de eso que no sabía.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Lugares donde se pasa la infancia
Cuando éramos chicos pasábamos muchas horas del fin de semana en casa. Durante los días de colegio usurpábamos la casa de Coky, que de tanto tenernos en su hogar, se convirtió un poco en abuela-madre. No pudo oficiar de abuela mimadora. Debíamos ser bastante pesados. Los nenes escudriñaban los rincones, se dormían y babeaban el cuidado sillón. Usaban el teléfono y llamaban a 0-600. Se comían las vainillas a escondidas o le tomábamos el restito del café.
Solíamos pasar la tarde revisando los discos de pasta. Escuchando a cantantes italianos de tiempos remotos, que seguro descansaban bajo tierra. Mi abuela y mi vieja cantaban a viva voz y yo creo recordar que las imitaba.
La luz en esos ambientes era extraña. Una luz amarilla o naranja donde estaba la silla de madera y paja. Las alacenas color verde inglés y los moldecitos de bombones. El resto del color lo aportaba el arroz con leche tantas veces preparado o los yogures naturales que hacía en una maquinola para mí incomprensible. Yogur, hecho con yogur.
Cada tanto preguntábamos por historias lejanas, por fotos amarillentas. Coky, se sentaba a contarme, a sacar más fotos, a tomar un adorno de la repisa y a absorberlo de a poco, encontrando su profunda historia, tan metida en su propio cuerpo. La foto de mi abuelo al sol de Italia. Un hombre inalcanzable, diez metros bajo tierra, diez mil veces amado y llorado y otras veces más, extrañado por mi vieja.
Cuando voy a verla, espero encontrar esas cosas, esos recovecos, esa incomodidad de casa ajena, y la familiaridad de lo conocido.
Me parece escuchar alguna melodía italiana…
Road trip
martes, 27 de julio de 2010
Final de finales
Ya no importa el resultado del estudio, sino que se TERMINO (por lo menos hasta que empiece la cursada otra vez)
Ya no más pantuflas sucias y desgastadas.
Ni pelusas en el piso de casa
Ni jogginetta con ruedo descocido
Tampoco quiero ver más al buzo violeta y verde de egresados (única ropa que me entra de cuando tenía 17 años)
Basta de comida recalentada. Fideos con manteca o salchichas con loquevenga.
Basta de ojeras largas, plantas sin regar y vidrios empañados por no salir de casa.
Bienvenido invierno!
Bienvenidas las lecturas pospuestas. La compra de libros usados en cualquier feria. La cocina-terapia. La gordura alimentada por recetas caseras.
Hola películas truchas que no pude ver en meses!
Hola amigos! Hola mamá!
Hola VINITO!
Hola Juanelo de mis amores tan dejado de lado (pobrecito)
Hola horarios decentes (para vivir) e indecentes (para vivir y salir de joda)!
Hola cuerpito!! Tanto tiempo te descuidé... ahora a disfrutar!
viernes, 11 de diciembre de 2009
Sujeto cuerpo propio
Es que el cuerpo tiene su propio lenguaje, su propia memoria. Si huelo Heno de Pravia pienso en mi abuela. Las mentitas me hacen acordar a los primeros años de la facultad. La lista de coincidencias entre el cuerpo y los recuerdos es interminable.
Y el cuerpo así como se prepara para el amor, late con fuerza y hace brillar cada parte del cuerpo, también prepara para el ataque. Un ataque del cual no tiene memoria. Es solo instinto. Nunca lo enfrentaron verdaderamente, pero la memoria le dice que sí, que ésta vez se viene. Y vuelta otra vez a acomodarse, acurrucarse para saltar a la yugular o salir corriendo si no hay tiempo.
A veces mi cuerpo me dice basta, y no sé si hacerle caso. No sé si creerle o decirle que es un embustero. Pero resulta que el cuerpo pocas veces me llevó por malos caminos. Sin embargo, mi cabeza… puff ya no sabe dónde situarse ni qué carajo es lo que quiere.
jueves, 22 de octubre de 2009
Explode
Contestar o permanecer callado son ejes enfrentados, que deberían permanecer en un equilibrio. Ni pelear todo el tiempo, ni siempre hacer que no se escucha.
Pero resulta que a veces la mejor manera, y el camino más rápido de escape es la elección de la sordera. Una elección neutra, y por ello tonta. Porque la neutralidad dura lo que un suspiro. Porque dentro de la cabeza todo eso que tenemos para decir se repite en continuo, como una película en la que fantaseamos que algo nos haga saltar la chaveta y ése versito de Cortázar se haga carne.
Explotar y callarle la boca a los demás. Que nuestra voz siempre quieta, siempre refugiada en la garganta, choque contra oídos ajenos.
Pero entonces eso sería el acabose. La guerra. Trincheras y ataques. Quitarle el disfraz de abuelita al lobo y descubrirnos como somos. Nada de eterna paciencia, de comprensión. Nos volveríamos personas con derecho a llevarse mal y nos daríamos cuenta que no todo se termina. Seríamos sinceros, hasta con nosotros mismos.
Y claramente ése es el problema. Mua.
miércoles, 5 de agosto de 2009
Movidos
Viajamos escondidos en cascarones de pollito, y estiramos las manos rompiendo la dura cáscara mineral.
Abrimos los ojos y encontramos un mundo lleno de nuevas hojas, de paredes blancas relucientes. Paredes listas para recibir nuestro color, para sentir nuestra respiración y el temblor de nuestros latidos.
Nacemos a nuevas y viejas esperanzas, a miles de sucesos que desconocemos y que no vamos a saber enfrentar.
Pero estamos juntos, y plantamos los pies, nos ubicamos y salimos a patear la calle, a entrar por una puerta y a llamarla nuestra.
“Es el fin de una era”, escuché por ahí.
Pero comienza una nueva, le agrego yo
lunes, 20 de julio de 2009
Cuando tu boca canta, mi corazón se alborota
Edith está parada en una silla, para poder verlo más a su altura. Mientras lo mira moverse en cámara lenta, festejando con los puños en alto, ella se deshace por la garganta, con sonidos de placer y de dolor, con un sonido propio del desgarro de cantarle al amor encontrado.
Así como le canta, siente en la piel a Marcel como si fuera el primero. Como si no la hubieran criado prostitutas, ni hubiera vivido como clochard en París… tal vez igual que aquella que aparece en ése falso final de Rayuela.
Edith no parece pequeña, porque su voz la transporta del dolor al orgasmo, en un crecimiento in crescendo. Su voz es el vivo retrato de lo que es ella. Una mujer abrazada a la vida, abrazada al sexo, sin miedo de encontrarse con el dolor físico, pero con un dolor enorme frente al abandono humano.
Y resulta que Elena Roger se convirtió anoche en ésa desfachatada y casi arrabalera Edith Piaf. Grosera, femenina y masculina a la vez, pero sobretodo una figura del desamparo y de la pasión. Una imagen de la pasión por el escenario, por la música, por éso inexplicable que hace al ser humano. Edith y Elena hermanadas en la actuación. Hermanadas en la escena, en lo intenso, en la locura y frente a todo hermanadas en el aplauso del público, que aunque le arden las manos, no se cansa de alabarlas.
"Piaf,
Madame Piaf,
hacé nido en mi garganta
gorrión de París"
El Cronista
Éstas son algunas impresiones que nos dejó ir al Teatro LIceo a ver la obra de teatro "Piaf"
miércoles, 1 de julio de 2009
De elecciones familiares
Por muchos años creo no haber escuchado discusiones políticas en casa, pero sinceramente creo que tiene que ver con que era muy pequeña como para recordar alguna de ésas discusiones. Seguro mientras sucedían yo andaba tirándole del pelo a mi hermana o descabezando alguna Barbie.
En algún momento en que los peronistas comían pizza y brindaban con champagne, con mis hermanos hicimos noticieros radiales sobre las elecciones. Leíamos sin entender una palabra lo que decían los diarios. Quiénes se postulaban para las elecciones del 95, de dónde salían y qué proponían.
Cuando fui más grande para comprender que en la política había posiciones diferentes de ver el mundo, que existían partidos y modelos de país contrapuestos, mi viejo a su vez empezó a escribir un libro. Uno que habla sobre ideologías y sobre historias que marcaron a fuego nuestro país. En ésos tiempos mi viejo era lo más grande para mí. Admiraba profundamente su esfuerzo, hoy aún lo sigo haciendo, y aplicaba a todo lo que él pensaba. Él se convirtió durante muchos años en mi modelo para mirar la política, para analizarla. Creo que en ésa época él era un poco más flexible con algunas cosas, no se enojaba tanto y reflexionaba más sobre su posición política. Sin embargo supongo que los años no vienen solos, y cuando vio que no pasaba nada de lo que esperaba que suceda en nuestro país, la desazón le ganó a la fuerza para invertir el panorama y se volvió muy cabeza dura y sobre todo rezongón.
Hoy ya no escucho los mismos argumentos que con mi viejo. He escuchado de muchas bocas, muchas cosas diferentes. Me han bombardeado con discursos políticos, ideológicos, y yo fui formando una mezcla entre lo que mamé en mi casa y lo que fui escuchando en la vida, en la facu, en mis elecciones de lectura. No sé si estar orgullosa o no de lo que pienso, pero realmente es mi manera de ver la vida, que inevitablemente está atravesada por la política, nos guste o no. Nos rompa las pelotas o nos chupe un huevo.
A mi me jode terriblemente sentir que hoy no puedo hablar de política con mi viejo como antes lo hacía, solo porque muchas cosas han cambiado en mi cabecita, y ya no soy un espejo de él. Sin embargo, cuando éste domingo me pude sentar con mi hermano, y charlar sobre las elecciones, sobre proyectos, sobre qué queremos del mundo, sobre las opiniones de nuestros papás, creo sinceramente que detrás de tanta testarudez nacionalista, mi viejo hizo algo bueno. Muy bueno.
Porque con todas las diferencias que me separan de los demás, yo logré interesarme por lo que pasa en los recintos de Gobierno, por lo que pasa detrás de la burocracia, por todo lo que hay detrás de las intenciones de algunos que se postulan de amarillo o de rojo. Y porque todo eso es consecuencia de mis papás, piense o no igual que ellos. Se los pueda decir o no.
Y por eso es que hoy me indigno y me deprimo al ver ciertos resultados. Al escuchar como los medios hablan de ciertas cosas. Al ver como recortan y leen como se les canta, la realidad de un país que cada vez pareciera dividirse y desarmarse más frente a los peores buitres que ya lo atacaron.
Y por eso hoy pienso en hacer algo, en mover las ideas, en renovarlas. Porque mis viejos no fueron indiferentes frente a lo cotidiano, porque intentan pensar más allá de las imágenes vacías que nos llegan. Porque, para problema de ellos, me enseñaron a pelearles cada charla, y a creer que cuando de política se trata no todo lo que brilla es oro.