jueves, 4 de septiembre de 2008
Pequeñez
Hoy me levanté…. Medianamente de buen humor.
El día estaba frío pero con solcito.
Después del trabajo me espera un barcito con alguna coca y lecturas que imagino agradables.
Pero mi trabajo, como sucede muchas veces, me hizo enojar.
No ese enojo de querer romper cosas. El enojo de puchero infantil.
Sí, hoy es uno de esos días en que frunzo la ceja y cada vez que pasa mi jefe por al lado hago un claro pero imperceptible bufido
- PUFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF
A causa de mi enojo tan poco adulto, me estoy lastrando todo un paquete de galletitas, que encima casi no tienen sabor (aparte de no tener gluten).
Es que hoy es el día de la secretaria… Y mi jefe apenas si se acordó de saludarme… Y toooooooooodas recibieron regalo menos yo.
Sé que no tiene razón de ser este enojo y/o berrinche. Pero quería manifestarme de manera madura y sin escándalo mayor.
Y qué mejor lugar que mi propio blog.
He dicho
lunes, 4 de agosto de 2008
Pobre cochino interior...
- Sos celíaca
ZAS! Se me cayó el mundo abajo…
Hacía meses que venía rastreando qué me pasaba en el cuerpo. En la carnita, en la panza sobretodo. Las soluciones ni siquiera eran temporarias y los dolores (que ya francamente me rompían las bolas) no pararon por más medicación que me dieron.
El problema fue cuando Lolo y Vir especularon con mi diagnóstico.
- Naaaaaahhh!! No creo que sea eso… Si no tengo antecedentes familiares.
Pensaba en las facturas, tortas rellenas y pastas consumidas durante tantos años, y en la remota posibilidad de no volver a probarlas nunca más. Se me hacía un nudo en el estómago de solo pensarlo.
Después de semanas y semanas de mal humor constante, quejas y peleas con el que se me cruzara, el diagnóstico de mi gastroenterólogo fue fulminante.
- Sos celíaca.
A esa altura ya había digerido la posibilidad de no saborear nunca más una cerveza helada, o de no poder comer los tallarines caseros que hace mi abuela.
Por esa razón, la misma tarde del anuncio, una horita antes de verle la cara al señor que iba a cambiar mi “buen comer”, me senté en el café Martínez de Charcas y miré a los ojos al mozo:
- Una porción de torta brownie
- Con café?
- Un cortadito, y que la porción sea bien GRANDE
- Bueno… (gesto de que no duda de que soy un cerdo)
Saboreé esa porción como el último bocado de un preso. Nada me podía arruinar el momento.
Dejé la plata en la mesita del café y me dirigí decidida al consultorio y a una nueva vida en la que de ahora en más las tortas brownies las iba a tener que hacer yo.
ZAS! Se me cayó el mundo abajo…
Hacía meses que venía rastreando qué me pasaba en el cuerpo. En la carnita, en la panza sobretodo. Las soluciones ni siquiera eran temporarias y los dolores (que ya francamente me rompían las bolas) no pararon por más medicación que me dieron.
El problema fue cuando Lolo y Vir especularon con mi diagnóstico.
- Naaaaaahhh!! No creo que sea eso… Si no tengo antecedentes familiares.
Pensaba en las facturas, tortas rellenas y pastas consumidas durante tantos años, y en la remota posibilidad de no volver a probarlas nunca más. Se me hacía un nudo en el estómago de solo pensarlo.
Después de semanas y semanas de mal humor constante, quejas y peleas con el que se me cruzara, el diagnóstico de mi gastroenterólogo fue fulminante.
- Sos celíaca.
A esa altura ya había digerido la posibilidad de no saborear nunca más una cerveza helada, o de no poder comer los tallarines caseros que hace mi abuela.
Por esa razón, la misma tarde del anuncio, una horita antes de verle la cara al señor que iba a cambiar mi “buen comer”, me senté en el café Martínez de Charcas y miré a los ojos al mozo:
- Una porción de torta brownie
- Con café?
- Un cortadito, y que la porción sea bien GRANDE
- Bueno… (gesto de que no duda de que soy un cerdo)
Saboreé esa porción como el último bocado de un preso. Nada me podía arruinar el momento.
Dejé la plata en la mesita del café y me dirigí decidida al consultorio y a una nueva vida en la que de ahora en más las tortas brownies las iba a tener que hacer yo.
jueves, 26 de junio de 2008
Fantasías

El mundo de los grandes se le hacía inabarcable.
Por las noches, soñaba con formas humanas enormes. El sol la enceguecía y ni siquiera las sombras de esos gigantes señores le tapaban la luz.
Pero a ella no le importaban ni el sol ni la luna: los señores grandes le daban miedo y prefería escaparse de ellos antes que cobijarse en sus ropas.
Y cuando ya estaban lejos volvía a respirar con normalidad.
Sin embargo, había uno que no le daba miedo. Con él se pudo subir a un tren y viajar donde no había amenazas.
La llevó bien lejos, a otro reino, otro país.
Allí, la estación de trenes era muy extraña: más sucia pero más soleada. Las personas lucían más tostadas y cargaban por las calles bolsas y gotas de sudor.
Sus zapatitos hacían clac clac por el empedrado. La vereda era muy angosta y preferían ir por la calle.
Ese día, de la mano del señor amigable, ella conoció majestuosas escalinatas, viejas que debían tener ruleros y pintorescos loquitos.
Volvieron en el tren, sentados uno al lado del otro. Una luz se fue y aparecieron cientos como puntitos lejanos, intermitentes. Sus ojos se escaparon por la ventana.
Al volver a su cama, los viejos miedos aparecían. Las enormes figuras se abalanzaban sobre ella, como queriendo devorar su tiempo.
Sin embargo, por las noches cuando sentía la manota en su frente y una caricia en el pelo recordaba la extraña tarde.
Santo remedio. Respiraba tranquila y volvía a soñar con ositos cariñosos y pequeños ponys que la llevaban bien lejos.
* El dibujo es del blog Tipika , perdón por robarlo por un rato!
Por las noches, soñaba con formas humanas enormes. El sol la enceguecía y ni siquiera las sombras de esos gigantes señores le tapaban la luz.
Pero a ella no le importaban ni el sol ni la luna: los señores grandes le daban miedo y prefería escaparse de ellos antes que cobijarse en sus ropas.
Y cuando ya estaban lejos volvía a respirar con normalidad.
Sin embargo, había uno que no le daba miedo. Con él se pudo subir a un tren y viajar donde no había amenazas.
La llevó bien lejos, a otro reino, otro país.
Allí, la estación de trenes era muy extraña: más sucia pero más soleada. Las personas lucían más tostadas y cargaban por las calles bolsas y gotas de sudor.
Sus zapatitos hacían clac clac por el empedrado. La vereda era muy angosta y preferían ir por la calle.
Ese día, de la mano del señor amigable, ella conoció majestuosas escalinatas, viejas que debían tener ruleros y pintorescos loquitos.
Volvieron en el tren, sentados uno al lado del otro. Una luz se fue y aparecieron cientos como puntitos lejanos, intermitentes. Sus ojos se escaparon por la ventana.
Al volver a su cama, los viejos miedos aparecían. Las enormes figuras se abalanzaban sobre ella, como queriendo devorar su tiempo.
Sin embargo, por las noches cuando sentía la manota en su frente y una caricia en el pelo recordaba la extraña tarde.
Santo remedio. Respiraba tranquila y volvía a soñar con ositos cariñosos y pequeños ponys que la llevaban bien lejos.
* El dibujo es del blog Tipika , perdón por robarlo por un rato!
martes, 24 de junio de 2008
Posturas
Hay días en que me siento en mi escritorio
y me siento torcido.
Hay días en que salgo a la calle
y ¡tengo derecho!
pero me siento oblicuo.
Una pequeña intervención de JP.
Saludos!
y me siento torcido.
Hay días en que salgo a la calle
y ¡tengo derecho!
pero me siento oblicuo.
Una pequeña intervención de JP.
Saludos!
lunes, 9 de junio de 2008
Pre - Invierno
Cosas que pasan cuando llega el frío:
- Los guantes se pierden en la calle
- Los paraguas se rompen
- Aparecen bufandas de todos los colores, pero que abrigan
- Todos llegan tarde al trabajo
- La cuenta de gas se pone carísima
- El acolchado se vuelve el mejor amigo
- Se disparan las ventas de medias y calzoncillos largos
- Las aulas se vuelven una heladera
- Reaparece el olvidado submarino en los cafés porteños
- La vereda donde da el sol está llena de gente
- Nos calentamos las manos al fuego de la estufa
- Usamos remeras viejas pero abrigadas (total no nos sacamos el pullover)
- Dejamos las ojotas por las pantuflas
- Miramos pelis con la frazada encima
- Hago guiso
- Sale humito de mi boca
- Usás el chalequito feo
- Te busco a la noche para abrazarte
- Se hace más difícil soltarte
- Los guantes se pierden en la calle
- Los paraguas se rompen
- Aparecen bufandas de todos los colores, pero que abrigan
- Todos llegan tarde al trabajo
- La cuenta de gas se pone carísima
- El acolchado se vuelve el mejor amigo
- Se disparan las ventas de medias y calzoncillos largos
- Las aulas se vuelven una heladera
- Reaparece el olvidado submarino en los cafés porteños
- La vereda donde da el sol está llena de gente
- Nos calentamos las manos al fuego de la estufa
- Usamos remeras viejas pero abrigadas (total no nos sacamos el pullover)
- Dejamos las ojotas por las pantuflas
- Miramos pelis con la frazada encima
- Hago guiso
- Sale humito de mi boca
- Usás el chalequito feo
- Te busco a la noche para abrazarte
- Se hace más difícil soltarte
jueves, 29 de mayo de 2008
Aquí están mis credenciales
De chiquita no lograba congeniar con mi nombre.
Me molestaba sobremanera que significara lo que significa:
Soledad
- Qué aburrido! – me decía
- Soledad está sola – se reían
Más de una vez quería cambiar a Florencia, a Luciana, a alguno insignificante.
Mi viejo, con la tele enfrente y los ravioles en el plato, me jodía con Soledad Dolores Solari. Ese personaje patético de Gasalla.
Entonces me enojaba, mi papá me daba un abrazo y me iba al cuarto en pleno puchero.
Y yo prometía no terminar con el pelo llovido, con una cartera en la mano, y menos que menos con esos guantes blancos, que daban la sensación de ser recortados de un mantel de mi abuela.
De más grande comencé a tomarle cariño.
Empecé a escuchar otras canciones
Un Sabina.
Un Drexler.
Un Sanz.
Un Calamaro
Y leía mi nombre.
Era compañera. Esa Soledad, hacía compañía.
Y me gustó.
Y me amigué. De a poco me acerqué a su raíz.
Más que nada disfruté de escucharme en una canción. De verme en un poema.
Aunque no fuera para mí. Aunque fuera para esa Soledad que primero había rechazado.
Y hace unos días. En un teatro como boca de dinosaurio, volví a escucharme en los labios dulces de un hombre. Y volví a tomarle el gustito. A sentir que estar en soledad no siempre es estar solo.
Y que mi propia compañía hoy, me ayuda a redescubrirme.
Me molestaba sobremanera que significara lo que significa:
Soledad
- Qué aburrido! – me decía
- Soledad está sola – se reían
Más de una vez quería cambiar a Florencia, a Luciana, a alguno insignificante.
Mi viejo, con la tele enfrente y los ravioles en el plato, me jodía con Soledad Dolores Solari. Ese personaje patético de Gasalla.
Entonces me enojaba, mi papá me daba un abrazo y me iba al cuarto en pleno puchero.
Y yo prometía no terminar con el pelo llovido, con una cartera en la mano, y menos que menos con esos guantes blancos, que daban la sensación de ser recortados de un mantel de mi abuela.
De más grande comencé a tomarle cariño.
Empecé a escuchar otras canciones
Un Sabina.
Un Drexler.
Un Sanz.
Un Calamaro
Y leía mi nombre.
Era compañera. Esa Soledad, hacía compañía.
Y me gustó.
Y me amigué. De a poco me acerqué a su raíz.
Más que nada disfruté de escucharme en una canción. De verme en un poema.
Aunque no fuera para mí. Aunque fuera para esa Soledad que primero había rechazado.
Y hace unos días. En un teatro como boca de dinosaurio, volví a escucharme en los labios dulces de un hombre. Y volví a tomarle el gustito. A sentir que estar en soledad no siempre es estar solo.
Y que mi propia compañía hoy, me ayuda a redescubrirme.
viernes, 25 de abril de 2008
Entrecopas
Una cervecita y algunas cosas para contar siempre siempre son buenas excusas para juntarse con amigas.
Y a veces uno termina hablando de cualquier boludez... o de cosas realmente importantes.
Ayer mientras masticaba una galletita y el vaso de cerveza se calentaba en la mano de Sol, yo hablaba y recordaba historias que nunca viví.
Les conté de mis abuelos. De sus historias de película. De sus historias de amor.
Ahí. En un simple relato, me dí cuenta.
Me di cuenta de las ganas ocultas que podemos tener de vivir amores de cuento. Amores literarios.
Yo me imagino en un futuro a un hombre.
Uno que agarra un libro de su biblioteca. Que luego de terminar de leer el cuento tiene los ojos llorosos, y reconoce en lo leido una historia digna de ser recordada.
Me imagino que esa historia es parte de la mía. Sueño que, de alguna manera, yo sea capaz de generar esos cuentos que conmueven. Sueño con conmover el alma de un hombre.
Pero la lucidez se va pronto... tanto como los litros de cerveza y las risas en compañía.
Entonces me olvido en lo que pensé. Me pierdo en la charla.
Ahora sentada frente a la compu, me acuerdo de una frase que mi abuela me decía:
"Romántica loca... De todo te olvidas, cabeza de novia"
Y a veces uno termina hablando de cualquier boludez... o de cosas realmente importantes.
Ayer mientras masticaba una galletita y el vaso de cerveza se calentaba en la mano de Sol, yo hablaba y recordaba historias que nunca viví.
Les conté de mis abuelos. De sus historias de película. De sus historias de amor.
Ahí. En un simple relato, me dí cuenta.
Me di cuenta de las ganas ocultas que podemos tener de vivir amores de cuento. Amores literarios.
Yo me imagino en un futuro a un hombre.
Uno que agarra un libro de su biblioteca. Que luego de terminar de leer el cuento tiene los ojos llorosos, y reconoce en lo leido una historia digna de ser recordada.
Me imagino que esa historia es parte de la mía. Sueño que, de alguna manera, yo sea capaz de generar esos cuentos que conmueven. Sueño con conmover el alma de un hombre.
Pero la lucidez se va pronto... tanto como los litros de cerveza y las risas en compañía.
Entonces me olvido en lo que pensé. Me pierdo en la charla.
Ahora sentada frente a la compu, me acuerdo de una frase que mi abuela me decía:
"Romántica loca... De todo te olvidas, cabeza de novia"
jueves, 17 de abril de 2008
De Freud, que me está volviendo loca...
No me imaginaba cómo era ir a terapia.
Sentarse en frente de un total desconocido y contarle cosas dolorosas, o que uno piensa que lo marcaron.
Que te mire… y no hable. Que te remate tu frase cómo si realmente supiera qué es lo que te pasa.
Ni hablar de que se cuelgue de tus palabras. Yo no quise decir eso!
Es loco… en su momento lo comparé con la confesión. Ese ritual católico que nos lava los pecados. Obviamente sé que tienen sus grandes diferencias.
La confesión sigue en la Edad Media: teocéntrica. El psicoanálisis en la Modernidad: centrado en el sujeto. Una juzga, el otro ayuda a vivir con aquello que nos pesa.
Y aún así, hay un patrón común.
El decirle a otro lo que sentimos, lo que hacemos o hicimos. Y ese otro en un lugar más alto. De sabiduría.
Transmitirle miedos y abandonos. Miles de cosas.
Y ahora que me expuse a eso, que levanto la guardia y la bajo como por arte de magia… encima tengo que pensar en todo lo que dije. Y creer, como en los cuentos de hadas, que las soluciones llegan, que los castillos de arena no se derrumban sin que empiece a construirse uno nuevo, y que la mano que me tiende esta buena mujer va a tirar el árbol que me tapa el bosque.
Sentarse en frente de un total desconocido y contarle cosas dolorosas, o que uno piensa que lo marcaron.
Que te mire… y no hable. Que te remate tu frase cómo si realmente supiera qué es lo que te pasa.
Ni hablar de que se cuelgue de tus palabras. Yo no quise decir eso!
Es loco… en su momento lo comparé con la confesión. Ese ritual católico que nos lava los pecados. Obviamente sé que tienen sus grandes diferencias.
La confesión sigue en la Edad Media: teocéntrica. El psicoanálisis en la Modernidad: centrado en el sujeto. Una juzga, el otro ayuda a vivir con aquello que nos pesa.
Y aún así, hay un patrón común.
El decirle a otro lo que sentimos, lo que hacemos o hicimos. Y ese otro en un lugar más alto. De sabiduría.
Transmitirle miedos y abandonos. Miles de cosas.
Y ahora que me expuse a eso, que levanto la guardia y la bajo como por arte de magia… encima tengo que pensar en todo lo que dije. Y creer, como en los cuentos de hadas, que las soluciones llegan, que los castillos de arena no se derrumban sin que empiece a construirse uno nuevo, y que la mano que me tiende esta buena mujer va a tirar el árbol que me tapa el bosque.
viernes, 4 de abril de 2008
Por la mitad
Tenía pensado un posteo monumental, con disertaciones sobre la mujer y la literatura. Sobre el amor que busca la mujer en la literatura. Sobre como no nos importa sufrir con tal de ser amadas hasta el hartazgo.
También lo había relacionado con uno de mis personajes favoritos, La Maga. Esa mujer que es a la vez amada y despreciada por Oracio. Esa mujer que contiene toda la inocencia de una niña, y el atractivo de una mujer.
Y ni hablar de lo que decía de Cortázar… Obviamente todas nos enamoramos de él a través de su hermosa Rayuela.
Ahhh!!! También decía que odio a Talita, solo porque suplanta a la Maga en el corazón de Horacio.
Pero me desinspiré… y quedó por la mitad.
Para colmo, leí en la facultad un texto de “un tal” Cornelius, desestimando la crítica, la reproductividad y la falta de textos nuevos, todo por una crítica a la posmodernidad…
Y ahora no me animo... No me animo a escribir lo que ya tenía escrito. Así que por ahora y solo por no olvidarme de mi querido blog, subo algo, y de paso me pueden dejar las opiniones que quieran: sobre La Maga, Talita, su creador, sus amores o lo que les haya inspirado lo escrito por esta humilde servidora.
Aprovecho para recomendarles pegarse una vueltita por un nuevo blog:
www.cronicasdemisviajes.blogspot.com
Saludos!
También lo había relacionado con uno de mis personajes favoritos, La Maga. Esa mujer que es a la vez amada y despreciada por Oracio. Esa mujer que contiene toda la inocencia de una niña, y el atractivo de una mujer.
Y ni hablar de lo que decía de Cortázar… Obviamente todas nos enamoramos de él a través de su hermosa Rayuela.
Ahhh!!! También decía que odio a Talita, solo porque suplanta a la Maga en el corazón de Horacio.
Pero me desinspiré… y quedó por la mitad.
Para colmo, leí en la facultad un texto de “un tal” Cornelius, desestimando la crítica, la reproductividad y la falta de textos nuevos, todo por una crítica a la posmodernidad…
Y ahora no me animo... No me animo a escribir lo que ya tenía escrito. Así que por ahora y solo por no olvidarme de mi querido blog, subo algo, y de paso me pueden dejar las opiniones que quieran: sobre La Maga, Talita, su creador, sus amores o lo que les haya inspirado lo escrito por esta humilde servidora.
Aprovecho para recomendarles pegarse una vueltita por un nuevo blog:
www.cronicasdemisviajes.blogspot.com
Saludos!
jueves, 13 de marzo de 2008
Estereotipo
El está sentado en su silla. Grandilocuente, enorme, charlatán por donde se lo mire. Todo un vendehumo.
Les habla y todos se ríen de lo que dice. Una risa cómplice. Ellos arquean sus manos y chocan sus dedos, mientras les cuenta el plan.
Es una idea brillante. Invierten la plata. Pero en realidad se la comen. Se la sacan de las manos a los nenes de pancita hinchada.
Miles y millones de pesos que planea tirar al techo en una gran campaña.
Se siente grande. Se siente importante. Eso es lo que siempre le interesó. Montarse en otro. Cagarse en el otro.
Vuelve a sus dos paredes a escribir un gran discurso. Esos discursos de demagogos. Esos discursos que nunca dan de comer más que un choripan. Y se siente crecer.
Se ensancha.
Engorda.
Se hincha más de lo esperado.
Es el ego.
El del piojo resucitado.
La garganta se le dilata.
Sus manos son dos globos.
Ya no puede respirar.
Los ojos se le salen de las órbitas.
Explota.
Les habla y todos se ríen de lo que dice. Una risa cómplice. Ellos arquean sus manos y chocan sus dedos, mientras les cuenta el plan.
Es una idea brillante. Invierten la plata. Pero en realidad se la comen. Se la sacan de las manos a los nenes de pancita hinchada.
Miles y millones de pesos que planea tirar al techo en una gran campaña.
Se siente grande. Se siente importante. Eso es lo que siempre le interesó. Montarse en otro. Cagarse en el otro.
Vuelve a sus dos paredes a escribir un gran discurso. Esos discursos de demagogos. Esos discursos que nunca dan de comer más que un choripan. Y se siente crecer.
Se ensancha.
Engorda.
Se hincha más de lo esperado.
Es el ego.
El del piojo resucitado.
La garganta se le dilata.
Sus manos son dos globos.
Ya no puede respirar.
Los ojos se le salen de las órbitas.
Explota.
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